“Los pobres de 18 años de hoy fueron niños pobres en 2008”

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Leonardo Ruiz del Castillo reconoce que no podría ser trabajador social. “Me lo dicen mis compañeras: muchas veces me hundo y sé que no debo. Las personas que acuden a nosotros no pueden ver reflejado en nuestro rostro su dolor; tenemos que darles esperanza, por muy mal que estén”. Hace años que se jubiló y enviudó, pero, a sus casi 78 años -los cumplirá en dos meses- sigue entregado a la entidad católica. El presidente de Cáritas está convencido de que si cada persona ayuda como puede -dinero o tiempo-, la vida de muchos será un poquito mejor. La batalla debe centrarse en combatir la desigualdad y acabar con la inercia de la pobreza.

Los datos macroeconómicos indican que Canarias se recupera. ¿Esa recuperación ha llegado también a quien más lo necesita?

“La recuperación es un hecho, no podemos negarlo. Se ve en muchas de las familias que cayeron en una situación crítica cuando llegó la crisis de 2008 y que ahora empiezan a remontar. Entonces, familias que tenían una situación bastante holgada se vieron de repente muy mal, porque quebraron sus empresas o los despidieron, pero han tenido la suerte, en un periodo más o menos corto, de recuperarse. Porque en Cáritas hemos tenido a familias que nunca en su vida habrían imaginado que iban a estar en esa situación de pobreza, de no tener dinero ni para comprar el pan. Esas familias no habían pasado esa necesidad ni en su niñez ni en su juventud. Cuando se vieron así, no sabían a dónde ir o a dónde acudir. Estas familias son las que en primer término han podido salir de la crisis y han recuperado su normalidad anterior, aunque en muchos casos nunca se vuelve totalmente a esa normalidad. Pero al menos se han recuperado lo suficiente como para no depender de nadie externo, sino de sus propios ingresos, que les permiten seguir viviendo, ellos y sus hijos. Sin embargo, ha habido otras familias -no la mayoría, pero sí un colectivo bastante importante- a las que esa recuperación no ha llegado. Y no les ha llegado en muchos casos por las desigualdades que tenemos. En uno de los informes de la Fundación Foessa, que emite Cáritas Española, se dice claramente qué ocurre: el ascensor de lo social no llega ni a las plantas medias ni a las plantas bajas. Esa es la realidad. La desigualdad se mantiene incluso para personas que han llegado al mercado laboral. Estas personas se han encontrado con que la satisfacción de tener un empleo desaparece cuando cobran el primer sueldo, porque el salario mínimo interprofesional es insuficiente”.

¿Cuántos trabajadores pobres hay en Canarias?

“En Canarias, el 15% de los trabajadores son pobres, pero es una realidad que se repite en toda España. En Canarias, la precariedad sigue afectando a las personas que encuentran empleo por dos razones: porque el salario no es suficiente y por la no continuidad del empleo. Es decir, hay precariedad en el empleo y precariedad en el salario, y en algunos casos en una misma familia se dan ambos factores”.

¿Qué salario mínimo sería recomendable?

“Los sindicatos han hecho propuestas para que el salario esté como mínimo en mil euros mensuales. No lo va a solucionar todo en familias de tres o más miembros, pero es un alivio porque no son ya esos 600 euros y pico en mano de ahora. Supondría una mejoría. Pero también se tiene que trabajar, llegar a acuerdos con las empresas -no imposiciones- para que eso sea posible. Necesitamos que las empresas mejoren el salario de los trabajadores y creen empleo. En España el 85% del empleo lo crean las pymes. Por tanto, si ahora están en una leve recuperación, no podemos imponerles nada para que se vuelvan a hundir. Lo que tenemos que hacer es motivarlas con medidas fiscales. ¿Canarias tiene potestad para eso? Claro que sí, dentro del Impuesto de Sociedades y dentro del IRPF. Igual que en el último IRPF nos han puesto una serie de beneficios en medicamentos, artículos escolares o alquileres, pues queremos que también se puede usar el IRPF para ofrecer algún tipo de abaratamiento fiscal a las empresas. La Comunidad Autónoma puede hacer una parte, pero la mayor parte es competencia del Gobierno central, que tiene que hacer más a través de los impuestos. No es de justicia ni de recibo lo poco que paga una multinacional que está implantada en toda España y que tiene unos beneficios muy importantes, mientras que las pymes pagan mucho más en proporción. En esas desigualdades también hay que intervenir. Esas multinacionales tienen que cotizar mucho más de lo que están cotizando. Habrá que quitarles esos incentivos fiscales o repartirlos para que a todos les llegue lo mismo”.

Canarias lleva años sin un plan contra la pobreza. Las universidades y los agentes sociales trabajan en uno. ¿Qué opina Cáritas de esta situación?

“Tener un plan serio, adecuado a las necesidades de Canarias y que abarque todas y cada una de las situaciones de pobreza que tenemos en nuestra Comunidad Autónoma lleva mucho tiempo. Por muy profesionales que sean en las universidades, eso no se puede hacer de hoy para mañana. Hay que hacer un estudio muy serio y los profesores universitarios lo hacen todo con mucha seriedad. Y para eso hay que patear muchos barrios y consultar muchas estadísticas, para conseguir que tenga el rigor y la seriedad que requiere ese estudio. En el ámbito político y técnico eso requiere su tiempo. Muchas veces las prisas traen malas consecuencias. No podemos aprobar algo que no nos sirva. Llevamos muchos años sin ese plan y lo hemos pedido muchísimo, pero si esperamos seis meses más no pasa nada. Ahora que está en marcha estamos contentos, porque quienes están trabajando en ello son buenos profesionales que quieren llegar a todas las situaciones”.

Toda la pobreza que tenemos no la explica la última crisis. ¿Por qué cree que Canarias no ha sabido resolver ese problema estructural?

“Las desigualdades están ahí desde siempre. En 2017, un estudio que se hizo a nivel nacional demostró que en los últimos cuatro años, de 2017 hacia atrás, se había incrementado el número de ricos en casi 60.000 personas. Y en el lado opuesto había subido en 1,3 millones el número de personas pobres. De ese porcentaje, una parte alta corresponde a Canarias. Porque aunque sean pocas personas con muchos ingresos, son bastantes proporcionalmente sobre el total. Lo que ha hecho la crisis es incrementar las desigualdades. No haber tomado las medidas adecuadas cuando llegó, y sobre todo poner en marcha la reforma laboral de 2012, es lo que nos ha llevado a la pobreza laboral. Había que haber beneficiado a las empresas, pero para que no tuviesen que despedir a tanta gente. La reforma laboral dejó a los trabajadores en la peor de las situaciones. Con el trabajo de sindicatos y gobiernos espero que esto cambie. Yo sé que Fernando Clavijo está muy concienciado con esto, no solo porque se lo hayamos dicho las entidades, sino porque lo vive diariamente; lo sabe. Y estoy seguro de que no puede hacer más de lo que está haciendo. ¿Que son pasos cortos y poquitos? Sí. Con pasos cortitos, aunque sea más tarde, llegamos al sitio que queremos. Creo que se está trabajando bien y que Pedro Sánchez va a dar la brochita final”.

El Gobierno de Canarias ha puesto incentivos para la contratación de determinados colectivos: mayores de 45, mujeres? ¿Están dando resultados?

“Sí. Y son necesarios. Nosotros dentro del área de empleo, donde trabajamos con otras entidades, hemos comprobado las dificultades que encuentran estos colectivos. Los mayores de 45, y ya no digo de 55, tienen muchos problemas para poder insertarse en el mercado laboral. Por muchísima experiencia que tengan, académica y profesional, las empresas prefieren a gente joven. Algún empresario me ha dicho que una persona de 45 o 50 años esta abocada a que le dé una gripe o le duela la rodilla, y al final eso les obliga a incrementar los costes laborales, de ahí que prefieran a jóvenes. A veces preferiría no haberlo sabido, pero parece que esto está ocurriendo en muchas empresas. Antes uno entraba con 18 años y se jubilaba con 65. Eso ya no ocurre, pero es que ahora tenemos a gente de 50 años con pensiones no contributivas porque no han llegado a una cotización para tener una pensión más alta. O gente que ya ha agotado todas las prestaciones posibles y que se ven sin ningún tipo de ingresos. Hay muchos casos en los que los dos miembros de la pareja están en la misma situación, porque tienen la misma edad. Y eso es una de las cosas más preocupantes que tenemos en Cáritas. En muchos de estos casos hablamos de hogares con menores. A mí no me gusta hablar de pobreza infantil. Pobreza infantil no hay en España ni en Canarias, está en África y en parte de Sudamérica, porque son niños que no tienen padres ni familia, porque se los han llevado las guerras o las enfermedades. En España, lo que tenemos es una pobreza familiar impresionante, que afecta a todos los miembros de las familias y, por supuesto, a los más pequeños”.

En esas familias, la pobreza se hereda. ¿No estamos rompiendo esa transmisión generacional de la precariedad?

“No, no. La herencia de la pobreza continúa. Ahora estamos conociendo a pobres de 18 y 19 años que fueron los niños pobres del año 2008. Han heredado la pobreza de sus padres”.

¿Atienden primero a los padres y luego a los hijos?

“Exactamente”.

Pero baja el número total de personas atendidas, según la memoria del año pasado.

“En la memoria del año pasado se ve que hemos disminuido la atención a las familias, pero ¿por qué? Primero, por el crecimiento económico: las familias que tuvieron que venir por primera vez a Cáritas y que se han recuperado. Segundo, gracias al trabajo que estamos haciendo con las familias. No solo nos preocupa que un niño vaya sin cenar al colegio, porque hay muchos niños que todavía iban durante el curso a clase sin haber cenado o solo con un codito de pan en el estómago, sino que nos preocupa toda la familia. Por eso trabajamos con esos padres para ver a cuál podemos meter en el mercado laboral, aunque luego cobren el salario mínimo interprofesional. Yo lo llamo salario mísero e insuficiente, porque es lo que es”.

¿Cómo influye la pobreza en los resultados escolares de esos niños?

“Cuando no hay para merendar un bocadillo o no hay para cenar, y el niño se tiene que acostar sin comer o solo con medio jugo, eso también va mermando sus facultades de entender lo que tiene que aprender en el colegio. El 90% del fracaso escolar en Canarias, y en el resto de España, lo conforman esos alumnos en situación de pobreza que tienen una edad para darse cuenta de lo que ocurre en su casa. En mi barrio, Ofra, que vive una situación bastante crítica de desempleo y pobreza, un niño me decía que él todos los días se guardaba en el bolsillo el bocadillo que le daban en el colegio porque era lo único que iba a comer su madre ese día. Y yo pensaba: y este niño, ¿cómo puede tener la cabeza para estudiar los temas que le plantea el profesor, cómo puede estar atento a su clase, cuando a lo que está atento es a que el bocadillo no se le caiga -o no le pase nada- y a salir lo antes posible para dárselo a su madre? Esas son situaciones en las que uno tiene que pensar”.

La Consejería ha introducido educadores sociales en centros donde el índice socioeconómico es más bajo para reducir el fracaso escolar. ¿Le parece una medida eficaz

“Quizás es pronto aún para conocer los resultados de una experiencia piloto, pero no sé qué misión va a tener esa persona en el colegio. ¿La de atender las necesidades del alumno? Probablemente el alumno esté atendido por alguna entidad, sea Cáritas, Cruz Roja o alguna otra. No sé qué tipo de trabajo se puede hacer. Yo creo que con el alumno habría que tratar más el aspecto psicológico”.

Los sindicatos y el Gobierno de Canarias han llegado a un acuerdo sobre la modificación de la PCI. Uno de los cambios que proponen es que sea indefinida en familias con menores a cargo. ¿Es suficiente?

“Prolongar la PCI a aquellas familias con menores es importante, pero también hay que vigilar al resto, porque a lo mejor alguien no tiene un menor a su cargo, pero tiene a un familiar mayor, por ejemplo. Y, sobre todo, tenemos que ver la posibilidad de incrementar la cuantía, porque con mensualidades de 400 euros es imposible para una familia salir adelante, y también es bastante complicado para una persona que está sola. Al menos para estar lo suficientemente alimentado como para no caer en una enfermedad e incrementar las listas de espera en la sanidad pública. Porque no olvidemos que, con la crisis, la Atención Primaria en los centros de salud se ha incremento de una forma brutal. Ahora ha bajado algo, pero un porcentaje muy alto de ese incremento, dicho por médicos, es consecuencia de la pobreza de las familias. Y cuando mejoremos la situación de todas estas familias se reducirán las listas de espera”.

“Las satisfacciones que a uno le marcan”

Leonardo Ruiz del Castillo tiene muchas historias dolorosas entre sus recuerdos, pero también “muchas satisfacciones” que le demuestran que el trabajo de Cáritas y otras entidades merece la pena. Recuerda una situación, no muy lejana en el tiempo, que le hace sonreír mientras la cuenta. “Una mujer que tiene un hijo pequeño, y estaba sostenida por la Cáritas de Ofra, entró en el proyecto “Barrios por el Empleo” y volvió al mercado laboral. El año pasado, por esta fecha, nos vimos. La mujer me abrazó y me dio las gracias llorando. Me dijo que gracias a Cáritas y a “Barrios por el Empleo” su hijo este año estaba yendo al colegio a estudiar y no a comer. Y que desde que cobró el primer sueldo se fue a ver al director del colegio y le dijo que diera de baja a su hijo de la lista de la pobreza y la pusiera en la de la riqueza. Yo le dije que no era para tanto, pero ella me dijo que lo que importaba es que esa plaza se la dieran a otro niño. En verano ha ido a estudiar idiomas, no a comer. Porque al niño se lo decían en los comedores de verano, que iba a comer. Y es un chico que estudia de verdad. Esas situaciones son las que a uno le marcan”. Leonardo podría haber dejado ya su cargo. Está a punto de cumplir los 78 años y lleva cuatro años viudo, pero sigue convencido de que puede dar más a quienes tiene a su alrededor. “Aquí ni gano dinero ni me estoy entreteniendo, hago lo que puedo”.

 

                                                                                                                                                                    Publicado en el diario El Día